Estás delante de La Anunciación, de Fra Angelico.
Fue pintada hacia 1425 o 1426.
Y antes de mirar al ángel.
Antes de mirar a la Virgen.
Antes incluso de intentar entender qué está sucediendo…
quiero que mires a la izquierda del cuadro.
Busca entre los árboles.
Allí encontrarás a un hombre y una mujer.
Son Adán y Eva.
Están siendo expulsados del Paraíso.
Y quizá estés pensando:
¿Qué hacen Adán y Eva en un cuadro sobre la Anunciación?
Esa pregunta es precisamente la puerta de entrada a toda la pintura.
Porque Fra Angelico no está representando solamente un instante.
Está intentando resumir, dentro de una única imagen, una historia que para el cristianismo abarca prácticamente toda la humanidad.
A la izquierda:
la pérdida.
A la derecha:
la posibilidad de salvación.
Vamos a recorrerla.
Primero, mira el cuadro entero
Aléjate un poco.
La obra es casi cuadrada.
Mide aproximadamente un metro noventa de alto y otro tanto de ancho.
Está pintada sobre madera.
Y enseguida notarás que tiene dos mundos muy diferentes.
A la izquierda hay naturaleza.
Árboles.
Flores.
Vegetación.
Adán y Eva.
A la derecha aparece una arquitectura ordenada.
Columnas.
Arcos.
Bóvedas azules.
Y debajo de ellas, dos figuras casi inmóviles.
El arcángel Gabriel.
Y la Virgen María.
Dos escenas.
Pero una sola historia.
¿Qué es exactamente una Anunciación?
La escena procede del Evangelio de Lucas.
María es una joven de Nazaret.
El arcángel Gabriel se presenta ante ella y le comunica que tendrá un hijo.
Ese hijo será Jesús.
Así de sencillo.
Y, al mismo tiempo, para un espectador cristiano del siglo quince, así de trascendental.
Porque este sería el momento en el que comienza la Encarnación:
Dios haciéndose humano.
Fra Angelico no pinta el nacimiento de Jesús.
Ni siquiera pinta a Jesús.
Pinta el instante inmediatamente anterior.
Una conversación.
Una noticia.
Un sí.
Y de ese momento aparentemente tranquilo depende todo lo que vendrá después.
Ahora mira a Gabriel
Está a la izquierda del pórtico.
Se inclina ante María.
Tiene los brazos cruzados sobre el pecho.
Y unas enormes alas.
Pero fíjate en algo.
No entra violentamente.
No parece haber sorprendido a María con una aparición espectacular.
Todo sucede con una calma extraordinaria.
Gabriel inclina el cuerpo.
María responde con un gesto muy parecido.
Casi parece que ambos se estén saludando.
Ahora compara sus brazos.
Gabriel cruza las manos sobre el pecho.
María hace prácticamente lo mismo.
Como ocurría con Cristo y la Virgen en El Descendimiento, el pintor utiliza dos cuerpos para establecer una relación.
Aquí, sin embargo, no hablan del dolor.
Hablan de aceptación.
El ángel anuncia.
María escucha.
Mira ahora el regazo de María
Hay un libro.
María estaba leyendo.
La llegada del ángel ha interrumpido la lectura.
Este detalle aparece muchas veces en las representaciones de la Anunciación.
El libro puede entenderse como referencia a las Escrituras.
María estaba leyendo las palabras que anunciaban aquello que, de repente, está comenzando a suceder delante de ella.
Es una idea preciosa.
La profecía deja de ser un texto.
Y se convierte en presente.
Ahora busca algo mucho más pequeño
Mira la esquina superior izquierda del cuadro.
Por encima del jardín.
Encontrarás unas manos.
Son las manos de Dios.
Y de ellas sale diagonalmente un rayo de luz.
Sigue ese rayo con los ojos.
Viaja de izquierda a derecha.
Cruza el cuadro.
Y en medio del haz encontrarás una pequeña paloma.
La paloma representa al Espíritu Santo.
Ahora sigue recorriendo la línea.
¿Hacia dónde va?
Hacia María.
Y concretamente hacia su cabeza.
La tradición que representa Fra Angelico relaciona la concepción con la palabra de Dios.
María escucha.
La palabra entra.
Y la Encarnación comienza.
Todo esto ocurre dentro de una pequeña línea diagonal que mucha gente ni siquiera descubre al mirar el cuadro por primera vez.
Ahora ya sabes que está ahí.
Y probablemente no podrás dejar de verla.
Vuelve ahora a Adán y Eva
Tenemos que solucionar nuestro primer misterio.
¿Por qué están ahí?
Según el relato del Génesis, Adán y Eva vivían en el Paraíso.
Pero desobedecieron a Dios.
Y fueron expulsados.
Ese acontecimiento representa, dentro de la tradición cristiana, la entrada del pecado en la humanidad.
Ahora mira la escena de la derecha.
María acepta ser madre de Cristo.
Y Cristo vendrá, según esa misma tradición, para redimir a la humanidad.
Por eso Fra Angelico coloca las dos escenas juntas.
A la izquierda aparece el problema.
A la derecha comienza la solución.
Adán y Eva salen del Paraíso.
Gabriel entra en la vida de María.
La humanidad cae.
Y la humanidad comienza a ser redimida.
En un solo cuadro estamos viendo simbólicamente el principio y el final de una enorme historia.
Y hay una comparación todavía más interesante
Fíjate especialmente en las dos mujeres.
Eva.
Y María.
Dentro del pensamiento cristiano medieval existía un paralelismo muy importante entre ambas.
Eva desobedece.
María acepta.
A través de Eva llega la caída.
A través de María comienza la redención.
No hace falta que compartamos esa creencia religiosa para entender el mecanismo visual.
Fra Angelico está construyendo una especie de enorme contraste.
Una mujer sale del jardín.
Otra recibe al ángel.
Una historia se cierra.
Otra empieza.
Mira ahora el jardín
Acércate un poco.
Esta parte es maravillosa.
Hay muchísimas plantas.
Flores.
Hojas.
Árboles.
Fra Angelico era extraordinariamente cuidadoso con esos pequeños detalles.
Recuerda que estamos en el siglo quince.
Estamos ante una tabla pintada hace unos seiscientos años.
Y aun así podemos distinguir pequeñas especies vegetales, flores minúsculas y hojas individualizadas.
El jardín no es simplemente decoración.
En la pintura religiosa de la época, el jardín cerrado podía simbolizar también la pureza de María.
Pero hay algo que me interesa todavía más.
Compara este jardín con el espacio donde están Gabriel y María.
Naturaleza abundante a un lado.
Arquitectura ordenada al otro.
Dos mundos distintos unidos dentro de la misma superficie.
Ahora mira las columnas
Pueden parecernos simplemente bonitas.
Pero en la década de 1420 estaban ocurriendo cosas revolucionarias en Florencia.
Los artistas estaban intentando representar el espacio de una manera nueva.
Arquitectos como Filippo Brunelleschi estaban transformando la arquitectura.
Y los pintores comenzaban a investigar seriamente la perspectiva.
Cómo conseguir que una tabla completamente plana parezca contener un espacio tridimensional.
Mira el suelo.
Las columnas.
Los arcos.
La habitación que se abre detrás de María.
Todo intenta conducir nuestra mirada hacia el interior.
Fra Angelico pertenece a un momento fascinante porque todavía podemos encontrar elementos medievales…
y al mismo tiempo vemos cómo está naciendo el Renacimiento.
Medieval y moderno a la vez
Mira los dorados.
Los colores preciosos.
Las alas del ángel.
Los halos.
El refinamiento casi de joya de algunos detalles.
Eso pertenece todavía al mundo del gótico tardío.
Pero mira después el espacio.
La arquitectura.
La profundidad.
Los cuerpos que intentan ocupar un lugar real.
Eso mira ya hacia el Renacimiento.
Por eso esta pintura es tan interesante.
No tienes delante un mundo medieval que desaparece de repente y otro renacentista que aparece de golpe.
La historia del arte casi nunca funciona así.
Los estilos se mezclan.
Los artistas prueban cosas.
Mantienen unas tradiciones y abandonan otras.
Fra Angelico está justo en medio de uno de esos momentos de transformación.
¿Quién era Fra Angelico?
Y aquí tenemos una buena historia.
Fra Angelico no se llamaba realmente Fra Angelico.
Su nombre era Guido di Pietro.
Además de pintor, fue fraile dominico.
Al entrar en la orden tomó el nombre de Fra Giovanni da Fiesole.
El nombre por el que lo conocemos hoy, Fra Angelico, se popularizó posteriormente.
Y no es casual que prácticamente toda su producción artística sea religiosa.
Para él, pintar no estaba separado de su vida espiritual.
La pintura podía ser también una forma de devoción.
Eso quizá explique la extraña sensación de calma que tienen muchas de sus obras.
Incluso cuando representa acontecimientos sobrenaturales, no necesita convertirlos en espectáculo.
Gabriel no aparece entre rayos y truenos.
María no cae aterrorizada.
Todo sucede casi en silencio.
Ahora mira el azul
Especialmente las bóvedas.
Son de un azul intensísimo.
Y aparecen salpicadas de pequeñas estrellas.
Después mira el manto de María.
Azul otra vez.
En la pintura medieval y renacentista, los materiales utilizados para conseguir ciertos colores podían ser extraordinariamente costosos.
Los colores no eran simplemente una elección estética.
También podían demostrar la importancia de una figura, el prestigio de una obra y el dinero invertido en ella.
Y ahora compara ese azul con los rosas y dorados del ángel.
Fra Angelico organiza también la escena mediante el color.
Gabriel destaca.
María destaca.
Pero ninguno rompe la sensación general de armonía.
Ahora mira las alas
Acércate a Gabriel si puedes.
Las alas son uno de esos detalles ante los que merece la pena detenerse.
Parecen decorativas.
Pero mira cómo Fra Angelico intenta hacerlas creíbles.
Hay plumas.
Hay variaciones de color.
Hay una estructura.
Es una criatura imposible…
pintada con atención casi naturalista.
Y aquí podemos introducir una curiosidad mucho más reciente.
Durante siglos, el cuadro sufrió suciedad, barnices envejecidos y distintas restauraciones.
En una intervención moderna del Museo del Prado, terminada en 2019, los restauradores descubrieron que una antigua reparación había alterado especialmente una de las alas de Gabriel.
La tabla había sufrido una separación justo en esa zona.
Para disimular el daño se habían añadido repintes.
Y esos repintes llegaron a cambiar la forma original del ala.
Al retirarlos cuidadosamente…
reapareció la curva que Fra Angelico había pintado originalmente.
Así que parte de lo que estás viendo ahora llevaba muchísimo tiempo escondido.
Y el cuadro recuperó también su luz
La restauración reciente no buscó convertir la pintura en algo nuevo.
Buscó retirar aquello que el tiempo había ido depositando sobre ella.
Suciedad.
Polución.
Barnices.
Antiguos retoques.
Cuando se eliminaron esas capas, reaparecieron colores mucho más intensos.
Especialmente una luz blanca que envuelve la escena.
Eso nos recuerda algo que ya descubrimos con la Mona Lisa del Prado.
Los cuadros antiguos no llegan intactos hasta nosotros.
Envejecen.
Se ensucian.
Se restauran.
Se modifican.
Y muchas veces nuestra idea de cómo era una pintura histórica depende también del trabajo de científicos y restauradores.
Pero todavía no hemos terminado el cuadro
Baja ahora la mirada.
Debajo de la gran escena principal hay una franja con pequeñas pinturas.
Se llama predela.
Piensa en ella como una especie de cómic situado bajo el cuadro principal.
Hay varias escenas consecutivas de la vida de María.
Su nacimiento y matrimonio.
La visita a Isabel.
La Adoración.
La Presentación de Jesús en el templo.
Y finalmente el final de la vida de María.
Así que el gran panel superior nos muestra un instante decisivo…
y debajo aparece una secuencia narrativa.
La pintura principal funciona casi como una portada.
La predela desarrolla la historia.
Si tienes tiempo, acércate y observa estas pequeñas escenas.
El tamaño cambia radicalmente.
Y sin embargo Fra Angelico sigue incluyendo arquitectura, personajes, objetos y pequeños gestos.
Aquí se nota también su experiencia como iluminador.
Su capacidad para contar muchísimo dentro de espacios muy reducidos.
Y ahora imagina dónde estaba originalmente
Esta obra no fue pintada para un museo.
Fue realizada para el convento de Santo Domingo de Fiesole, cerca de Florencia.
Era un retablo.
Eso significa que formaba parte de un espacio religioso.
Las personas que la contemplaban originalmente no llegaban con una entrada de museo.
No estaban haciendo turismo.
La veían dentro de un contexto de oración y liturgia.
Esto cambia nuestra manera de pensar el cuadro.
Para nosotros es una obra maestra del Renacimiento.
Para muchos de sus primeros espectadores era además un objeto religioso activo.
Una imagen ante la que rezar.
¿Y cómo acabó en Madrid?
La historia vuelve a ser interesante.
La obra permaneció en Fiesole hasta comienzos del siglo diecisiete.
Entonces salió de Italia.
Fue adquirida por Mario Farnese para regalarla a Francisco de Sandoval y Rojas.
Quizá ese nombre no te diga demasiado.
Pero su título sí puede sonarte:
duque de Lerma.
Fue uno de los personajes más poderosos de la corte de Felipe Tercero.
Después la obra terminó en el monasterio de las Descalzas Reales de Madrid.
Más tarde pasó a manos reales.
Y en 1861 Isabel Segunda la cedió al Museo del Prado.
Así que este pequeño fragmento del Renacimiento florentino terminó formando parte de una de las grandes colecciones españolas.
Ahora vamos a mirar el cuadro una última vez
Aléjate.
Y esta vez intenta olvidarte de los detalles.
Mira solamente la dirección de la historia.
Empieza arriba a la izquierda.
Las manos de Dios.
De ellas nace un rayo.
El rayo atraviesa el espacio.
Dentro viaja la paloma.
La línea llega hasta María.
Debajo, Gabriel se inclina.
María responde.
Y mientras todo eso sucede…
a nuestra izquierda Adán y Eva están abandonando el Paraíso.
Es casi como si todo el cuadro tuviera una dirección.
Del pecado…
hacia la redención.
De la expulsión…
hacia una nueva posibilidad.
Del pasado…
hacia el futuro.
Y fíjate en algo extraordinario
En Saturno, Goya necesitaba oscuridad.
Violencia.
Sangre.
Un cuerpo mutilado.
En El Descendimiento, Van der Weyden necesitaba lágrimas y cuerpos vencidos por el dolor.
Fra Angelico hace exactamente lo contrario.
El acontecimiento que está representando, desde el punto de vista cristiano, cambiará la historia del mundo.
Y sin embargo…
casi nada ocurre.
Dos personas están sentadas o inclinadas bajo un pórtico.
Una habla.
La otra escucha.
No hay explosiones.
No hay multitudes.
No hay drama físico.
Solamente silencio.
Luz.
Arquitectura.
Y un pequeño rayo que atraviesa la pintura.
Quizá esa sea la gran lección de esta obra.
Un pintor no necesita mostrar mucho movimiento para contar algo enorme.
A veces puede hacer exactamente lo contrario.
Detenerlo todo.
Antes de marcharte, busca una última vez a Adán y Eva.
Después sigue el rayo.
Encuentra la paloma.
Y termina mirando a María.
Si recuerdas solamente una idea de esta pintura, que sea esta:
a la izquierda, la humanidad pierde el Paraíso.
A la derecha, según el relato cristiano, empieza el camino para recuperarlo.
Y Fra Angelico consigue contar toda esa historia…
sin necesidad de que nadie pronuncie una sola palabra.
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